viernes, julio 03, 2009

Cuál es la agenda económica que se abre después de las elecciones para la Argentina

Buenos Aires.- Las elecciones legislativas de este domingo se desarrollan en un contexto económico complejo considerando las cuentas pendientes que quedan por resolver a partir del lunes. A los problemas que se venían acumulando como la carencia de inversiones y la elevada inflación se han sumado otros como la desconfianza de los agentes, la crisis internacional y el deterioro fiscal, que instalaron un nuevo ciclo recesivo.
Sin embargo, la actual crisis no se asemeja a la de 2002 y podría revertirse en el corto plazo, destacan desde Ecolatina. “Para alcanzar este objetivo se necesita no sólo un correcto diagnóstico y un plan económico consistente sino también la voluntad política de cambio. Tras las elecciones legislativas se abre una nueva oportunidad para corregir los problemas económicos que afectan al país con creciente intensidad”, explicaron los analistas de la consultora. El primer punto que destacaron es que “la recesión se ha consolidado y ya se percibe un importante deterioro del mercado laboral”. Otros problemas que enfrenta la administración kirchnerista es el desplome de las inversiones y del comercio exterior. Además, el consumo privado y los servicios, que mostraron mayor fortaleza, ya se encuentran en terreno negativo. Por el lado fiscal se observa un importante deterioro del superávit consolidado. “A pesar del flujo de fondos captado a las AFJP, la dinámica del gasto supera la de los ingresos erosionando las cuentas públicas de la Nación. Asimismo, las provincias presentan un rojo cada vez más abultado”, alertaron. Por último, la falta de financiamiento externo complica aún más el panorama. El gobierno ha avanzado sobre los stocks y desplaza al sector privado en la competencia por fondos frescos. En este contexto, desde Ecolatina aseguraron que “el mayor desafío es recuperar la política económica como instrumento, con el objetivo de clarificar los ejes rectores y corregir los desvíos existentes. Este sería un primer paso para que las restricciones comiencen a tratarse con una visión integradora y los problemas se desactiven antes de agravar las situaciones de stress”. Según los especialistas, esta es la agenda en la que se debe trabajar para reactivar la economía:

Lo urgente:

Apuntalar la actividad: la velocidad con la cual se revirtió el ciclo de crecimiento deja en evidencia la magnitud de los problemas internos que hace tiempo se vienen advirtiendo.
Mejora las expectativas: el deterioro de la confianza tiene efectos nocivos sobre el nivel de actividad al retrasar o incluso cancelar decisiones de consumo, producción e inversión. Además, en un marco de incertidumbre como el actual la desconfianza presiona continuamente sobre el tipo de cambio alentando la fuga de capitales y la dolarización de carteras.
Reconocer y desarticular la inflación: el aumento de los precios se ha desacelerado en los últimos meses producto del freno en la actividad, pero aún continúa en niveles elevados. Esto deteriora el frente social y distorsiona la asignación de recursos en la economía. Cabe destacar que las presiones inflacionarias seguirán presentes por la suba de las commodities, de las tarifas, y el ajuste del tipo de cambio, entre otros factores. La negación oficial agrava el problema y aleja las soluciones.
Equilibrar las cuentas fiscales: el ritmo de crecimiento del gasto público es significativamente superior al incremento de los recursos, lo cual debilita el superávit fiscal. Si bien en momentos de crisis el rol de la política fiscal es clave para sostener la demanda, el interrogante es cómo se financiará ese desequilibrio (avance sobre stocks, reducción de las erogaciones o suba de impuestos, financiamiento de organismos externos o regreso a los mercados).
Mantener la competitividad externa: en el contexto de caída de la demanda mundial las exportaciones se desploman y se está recurriendo al cierre de las importaciones para mantener elevado el superávit comercial. Para peor, la apreciación real del peso en los últimos años resta competitividad a los productos transables, fundamentalmente a los industriales, contribuyendo aún más al retroceso de las ventas.
Mejorar los indicadores sociales: la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro del mercado laboral mantiene en niveles elevados la pobreza y la indigencia. Los despidos se intensificaron y el desempleo se aproxima a los dos dígitos. Este panorama social retroalimenta la caída en el consumo y posteriormente la producción, acentuando las suspensiones de puestos de trabajo.

Lo estratégico:

Rediseñar la coparticipación federal de impuestos: este año varias provincias cerrarán en terreno negativo sus balances. La creciente dependencia de los fondos nacionales plantea la necesidad de avanzar en un rediseño del esquema de coparticipación federal con el objetivo de consolidar las finanzas provinciales. También deberá ser discutida la distribución de los ingresos entre la Nación y las provincias.
Acuerdos sectoriales de producción e inversión: el conflicto con el sector agropecuario, las regulaciones poco transparentes, las medidas discrecionales sobre el comercio exterior y la falta de financiamiento de largo plazo son sólo algunos de los factores que han debilitado a la producción y a la inversión desde 2006. En este sentido, resulta fundamental mejorar el clima de los negocios y facilitar los mecanismos que fomenten la inversión como eje de crecimiento.
Ampliar el financiamiento: el financiamiento para proyectos a largo plazo es prácticamente nulo y la incertidumbre resta atractivo a las inversiones no financieras. Además, ante el cierre de los mercados externos, el gobierno ha vuelto a competir con el sector privado por recursos. El aumento de la presión fiscal es una consecuencia directa de la falta de financiamiento para el sector público.
Consolidar la integración regional: el desplome de las economías desarrolladas pone en evidencia, una vez más, la necesidad de avanzar en la integración de los mercados de la región, según Ecolatina. Las acciones coordinadas aminoran los efectos negativos y potencian las fortalezas conjuntas. Un ejemplo de ello es el sector automotriz que, bajo acuerdo, aprovecha las políticas de estímulo impulsadas por Brasil. Las ventajas de la integración se amplifican en un escenario en el que el principal socio comercial del Mercosur se consolida como potencia global.
A modo de conclusión, desde la consultora aseguraron que "no hay margen para postergar ciertas decisiones y, por falta de previsión, las mismas implican asumir costos. Pero cuanto antes se encaren los problemas, más rápida será la recuperación y menores las cargas futuras. En esta instancia, no reconocer la necesidad de un cambio de rumbo será muy costoso".

Fuente iProfesional.com

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